Posted by: Rosa Ferrer | Mayo 3, 2008

Toda una vida de amor a La Olmeda

Javier Cortes echa la vista 40 años atrás para rememorar el descubrimiento de la gran villa romana de Pedrosa de la Vega (Palencia), considerada hoy toda una joya arqueológica.

Sin titubeos, como si los almanaques se hubieran detenido en 1968, Javier Cortes Álvarez de Miranda retrocede en el tiempo, rebusca en su memoria y describe con minuciosidad cómo transcurrió el 5 de julio de aquel lejano año, una fecha que cambió su vida y que sirvió de punto de partida a una comarca palentina, la de la vega saldañesa, para hacerse un importante hueco en los anales de la historia. Y es que, aquel día, cuando el sol ya caía, dos jóvenes agricultores, el propio Cortes y su compañero de faenas Avelino Palacios, desenterraron en una finca de Pedrosa de la Vega bautizada con el noembre de La Olmeda un conjunto de teselas que, a la postre, fueron tomando forma en espectaculares mosaicos para éstos, a su vez, presentarse como los magníficos suelos de una villa tardorromana del siglo IV generosamente conservada y hoy, 40 años después de aquel hallazgo, considerada uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del mundo romano hispánico.

«Estábamos haciendo un rebaje de terrenos para poder regar en la finca», nos sitúa Cortes. «Apareció un bloque de piedra grande, macizo todo él y bien tallado y entonces, después de acabar la tarea, me quedé con Avelino Palacios para quitar tierra del pedrusco, y al llegar como a medio metro de profundidad, ¡suelo!», enfatiza en tono sorpresivo como si volviera a revivir aquel momento. «Quitamos un poco de tierra y fue Avelino el que se fijó en que estaba lleno de rayas, como de un centímetro de largo y de ahí que sospechamos que podía ser un mosaico».

Embargados por la impaciencia, Cortes y Palacios madrugaron al día siguiente para, ayudados por un cuchillo, raspar un poco el suelo, y, en apenas unos minutos, corroborar el sueño que había ido tomando forma en sus mentes: en las entrañas de La Olmeda se escondía un mosaico.

Algunas catas posteriores confirmaron la presencia de más mosaicos e hicieron que, de boca en boca, la noticia del descubrimiento se extendiera. No es de extrañar, pues, que las informaciones sobre el mismo llegaran también pronto a entendidos en la materia como el catedrático de Arqueología de la Universidad de Valladolid Pedro Palol, quien escribió una nota a Javier Cortes para «informarme de que había una ley». Entonces, relata, «me marché a Madrid a enterarme» (el descubrimiento pertenecía por mitad al descubridor y, por la otra, al dueño de la finca, circunstancias ambas que, en aquel caso, concurrían en él mismo). «En el Ministerio me dijeron que podía excavarlo y yo dije, pues eso es lo que quiero», afirma tajante.

Para poder hacerlo, Javier Cortes, un joven perito agrícola dispuesto a enfrascarse de lleno en un mundo, el arqueológico, sobre el que «no sabía nada», tuvo que cumplir dos requisitos: buscar a un arqueólogo que dirigiera los trabajos - a lo que accedió gustoso el propio Palol-, y habilitar una sala con las piezas halladas que tuviera sus puertas abiertas a los arqueólogos. Así, cuenta entre risas, «tuve que improvisar el museo en una vieja cuadra».

Durante doce años, Cortes costeó todos los trabajos, pagó las labores de conservación realizadas por los mosaistas de Mérida y, ante la magnitud que alcanzaba el yacimiento, se vio también obligado a construir una cubierta que lo protegiera. De aquel periodo, recuerda con especial cariño el mismo día del descubrimiento y, más aún, la aparición, en 1969, del mosaico del salón principal de la villa, considerado hoy por muchos expertos el más grandioso mosaico policromado del mundo. En sus 172 metros cuadrados, representa escenas de caza, el mitológico descubrimiento de Aquiles por Ulises entre las princesas del palacio real de Skyros, y catorce medallones a modo de camafeos –de los dieciocho que fueron en origen- que retratan probablemente a los dueños del palacio y a sus familiares.

A pesar de los años transcurridos y del ingente trabajo realizado, el yacimiento seguía aportando más y más material de extraordinario valor arqueológico e histórico y Cortes, reconoce, se vio desbordado, por lo que consideró que lo más adecuado era crear una Fundación a través de la Diputación de Palencia que se encargara del yacimiento y su promoción. Era 1980 y el descubridor y dueño de La Olmeda se desprendía de su gran tesoro en un extraordinario acto de generosidad para con su pueblo porque, recalca, «también a mí Saldaña me ha dado mucho»….(acceder a la fuente para leer la noticia completa).

Fuente:  El Día de Valladolid

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