La zona arqueológica delimitada se sitúa sobre un cerro en forma de meseta y ocupa una extensión de 357.500 metros cuadrados. A esta superficie se añade un entorno adicional de protección de 1,4 kilómetros cuadrados, con el fin de evitar alteraciones que puedan afectar a la visibilidad del yacimiento.
El asentamiento está rodeado por una muralla construida en mampostería y especialmente reforzada con bastiones circulares en su frente oeste (el de más fácil acceso). También se han hallado restos de muralla de época romana, que quedaron colmatados por un derrumbe y sobre los que se localiza una construcción de finales del siglo VI.
En los diversos trabajos de excavación se han recuperado objetos de cerámica realizada a mano, fundamentalmente cuencos carenados y ollas con motivos incisos. Otros vestigios de cerámica a torno se corresponden probablemente con ánforas fenicias. Asimismo destaca la abundancia de restos de conchas y caparazones, que denotan la importancia del marisqueo como base de subsistencia, y de escorias, que reflejan los procesos de transformación metalúrgica realizados en el poblado.
Fuente: Andaluciajunta
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