
-Incorporar el Teatro a la ciudad estaba en el origen del proyecto. Hacerlo, convirtiendo el Teatro en fondo escenográfico de un paseo arqueológico, me pareció el modo adecuado de integrarlo a la ciudad sin necesidad de consumirlo con el uso.
-Su obra se ubica próxima a la de Vázquez Consuegra en el puerto: el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua). ¿Cree que dialogan de forma satisfactoria?
-Creo que entre una y otra hay tal distancia que el término diálogo no es preciso. Sí es cierto que ambas tienen en común su afán por hacer que la arquitectura vuelva a estar presente en la vida de las ciudades.
-¿Le gustaría que en ocasiones muy concretas pudiesen tener lugar en el Teatro espectáculos de alto nivel?
-Siempre se ha pensado que el Teatro debía mantener su integridad y que no debía -ni en circunstancias especiales- cumplir un papel instrumental y volver a ser el marco para espectáculos. Los arqueólogos lo tenían muy claro y yo he tratado de servir los criterios de restauración que ellos defendían. Me siento solidario con ellos.
-¿Qué consejo daría a los lectores que vayan a visitar el Museo-Teatro Romano de Cartagena?
-Consejo, ninguno. Simplemente manifestar mi deseo de que las gentes de Cartagena sientan que esta obra les acerca más a su historia, en tanto que a quienes visitan la ciudad les ayude a conocerla.
Poder
El Museo diseñado por Rafael Moneo propone al visitante un viaje arqueológico y arquitectónico que lo transporta del siglo XXI al siglo I. a. C. Dentro de él, unas escaleras mecánicas irán elevando al público hasta que éste acceda al Teatro. Un viaje al pasado, una subida a la demostración del poder tentacular de Roma y de la belleza que nos legó. Sorpresa, admiración, arqueología y arquitectura.
Volúmenes sencillos, tamaño discreto, luz natural muy bien aprovechada, materiales seleccionados con sumo cuidado por Moneo y un tesoro -la contemplación de los restos hallados en las excavaciones del lugar- destinado a los amantes curiosos del conocimiento. Y tan cerca del mar.