Posteado por: Pedro | 10/06/2010

Altamira, entre el riesgo controlado y el fantasma de Lascaux

Altamira, entre el riesgo controlado y el fantasma de Lascaux

Una imagen de las cuevas de Lascaux, en Francia, cuyas pinturas están muy deterioradas a causa de los hongos, algas y otros microorganismos./AP.
La decisión de permitir que Altamira reciba de nuevo visitas, a pesar de que la primera opción del CSIC era mantener sus pinturas aisladas de la influencia humana, ha reavivado el debate entre quienes defienden que se puede asumir un riesgo controlado y quienes temen que se repita el caso de Lascaux.
Altamira cerró su puerta al público por segunda vez en su centenaria historia en 2002 (antes lo estuvo entre 1977 y 1982), tras haberse detectado una serie de microorganismos que estaban deteriorando sus pinturas, consideradas como la cumbre del Arte Rupestre Paleolítico, junto a las de la gruta francesa de Lascaux.
Para entonces, ya se había construido una réplica de la sala de los bisontes para facilitar a todo el mundo su contemplación, como había hecho antes Lascaux, cerrada al público desde 1963.
Las comparaciones entre la cueva española y la francesa, sometidas a mediados del siglo XX al impacto de turismo masivo, volvieron con el cierre de Altamira en 2002.
Sobre todo, porque Lascaux llevaba varios años probando todo tipo de métodos, a veces sin éxito alguno, para detener la colonización de hongos, algas y otros microorganismos que estaba sufriendo la cueva, con riesgo para sus pinturas, a pesar de que sólo había estado 15 años abierta al público (de 1948 a 1963).
El informe del CSIC que tenía ayer sobre la mesa el Patronato de Altamira para decidir si reabría o no la cueva era taxativo al advertir sobre el daño que generan las visitas: “La entrada de visitantes provoca perturbaciones microambientales en la cavidad perjudiciales para la conservación de la misma y en particular para la sala de los polícromos”, decía.
Sin embargo, los científicos también apuntaban que, si se decidía “cambiar de estrategia” y se reabría la cueva, “la monitorización debe ser exhaustiva para detectar de forma temprana la probable expansión de microorganismos hacia zonas internas de la cueva”.
A ello se acogió ayer el Patronato para mostrarse favorable a la reapertura “con todos los requisitos y garantías” para conservar las pinturas y con unos cupos de visitantes y unas condiciones que determinará un grupo de expertos.
El vicepresidente del CSIC, Juan José Damborenea, ha señalado hoy a Efe que la conservación de Altamira debe ser la prioridad e incluso ha animado a que, si se quieren conocer sus pinturas, se visite la réplica, “que no es un demérito del original”.
“Nosotros hemos advertido de lo que está pasando y de lo que puede pasar, y son ellos los que tienen que tomar una serie de decisiones”, ha añadido, en alusión a las administraciones.

“Dejarlo solo”

En la literatura sobre el deterioro al que están expuestas las cuevas con testimonios de arte rupestre, se suelen citar un artículo en “Nature” de Luc Allemand y Paul Bahn cuyo título resume la postura de todo un grupo de científicos: “La mejor manera de proteger el arte rupestre es dejarlo solo”.

En frente, se sitúan quienes, como el director de Altamira, José Antonio Lasheras, opinan que “también los cuadros de los museos estarían mejor en cámaras acorazadas”.
“Éste es un debate científico, en el que los especialistas tenemos nuestra opinión, pero también social, sobre cuántos riesgos está dispuesta a asumir la sociedad. Porque Altamira es un recurso de toda la Humanidad, pasada, presente y futura”, ha indicado hoy a Efe el catedrático de Prehistoria Pablo Arias.
Arias, ex director del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria , considera “razonable” que las cuevas con arte rupestre se exhiban al público “de forma que los riesgos no existan o sean muy bajos”, pero advierte de que “no es lo mismo una cueva que se controla desde que se descubre, que cuevas en las que ya ha habido actuaciones muy agresivas” en el pasado.
“El problema de Lascaux y Altamira no es tanto que entre el público, sino cómo ha entrado en años precedentes y qué actuaciones se han hecho”, dice este experto, que cree que la situación de Altamira “no es buena”. “Pero no es el caso de Lascaux”, precisa.
Por su parte, el director del Grupo de Biodeterioro y Biodegradación de la Sociedad Española de Microbiología, Diego Moreno, de la Universidad Politécnica de Madrid, subraya que “las visitas no son buenas para las cuevas” y siempre “pasan factura”.
“En Lascaux ocurrió algo parecido y fue un desastre el tema de las visitas. Altamira ha tenido más suerte”, ha añadido Moreno, que ha hecho varios estudios sobre cuevas prehistóricas en Cantabria.
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