Posteado por: Pedro | 06/04/2011

Descubren esculturas que adornaron el Templo Mayor

Foto: Cortesía INAH

Investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) descubrieron cinco esculturas, tres de ellas fragmentos, que en algún momento estuvieron colocados en las fachadas del Templo Mayor, de la antigua Tenochtitlan, entre 1325 y 1521 d.C.; entre las representaciones de piedra encontradas, destaca un clavo arquitectónico en forma de cráneo, el más grande encontrado hasta ahora en las inmediaciones del recinto prehispánico.

Este hallazgo se registró durante los trabajos de excavación que supervisa el Programa de Arqueología Urbana (PAU) en la Plaza Gamio, a un costado de la Catedral Metropolitana, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde se habilita el área para la construcción de un nuevo acceso a la zona arqueológica y del museo que alojará el monolito de Tlaltecuhtli, deidad mexica de la tierra.

El arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez, responsable de este programa que forma parte del Proyecto Templo Mayor, dio a conocer que en los límites de las calles Seminario y Guatemala, se detectó una fosa de aproximadamente 12.20 m por 7.70 m, donde los mexicas arrojaron gran cantidad de materiales, entre ellos los restos de esculturas hallados.

Hace algunas semanas, al excavar el primer nivel de esta fosa, se encontraron cinco esculturas, los restos de una cista o caja de piedra cuya ofrenda fue retirada por los propios tenochcas, además de dos troncos que se mantuvieron in situ debido a que se extienden aún más y de los que ya se tomaron muestras para definir la especie arbórea.

Los cinco monolitos esculpidos en piedra volcánica, “estuvieron colocados en algún momento en las fachadas del Templo Mayor, lo cual sabemos porque los estamos encontrando como material de relleno”, indicó el arqueólogo Raúl Barrera.

De estas piezas sobresale un clavo arquitectónico de piedra en forma de cráneo, de 88 cm de largo por 40 cm de ancho, el más grande descubierto en las cercanías del Templo Mayor. Algunos edificios se decoraban con estos elementos de piedra que se empotraban para formar un diseño en los muros; la representación de la calavera se cubría con una capa de estuco y a ésta se aplicaba color.

También destaca el fragmento de una escultura de grandes dimensiones (96 cm de longitud por 65 de ancho), cuyo bajorrelieve permite observar secciones de una pierna que tiene la rodilla adornada con el mascarón de un monstruo terrestre, y la pantorrilla con plumas de águila, también porta un entramado en forma de equis con símbolos de chalchihuites (jades). Esta iconografía apunta a la representación de una deidad de la tierra, probablemente Coatlicue.

Las demás esculturas son una cabeza de serpiente (46 cm de largo por 25 de alto) que estaba cortada y que mantiene buena parte de su pigmentación roja y ocre; una almena en forma de biznaga, de 50 cm de alto por 25 de grosor; así como el fragmento de una talla en piedra (38 x 35 cm y 28 de espesor) que debió ser bastante grande, en el que se aprecia un cuadrángulo enmarcado por una banda y el grabado de un elemento circular que representa al sol.

Raúl Barrera comentó que de acuerdo con la evidencia arqueológica, en el lugar donde se localizó la fosa, existió un piso —realizado entre 1486-1502 d.C.—, que fue demolido por los mexicas para cavar una fosa en la depositaron elementos arquitectónicos, como esculturas, entre otros objetos, algunos de los cuales fueron intencionalmente semidestruidos o “matados” antes de ser arrojados.

“Por el momento desconocemos cuál fue el motivo de esto, pero el hallazgo revela que esta acción tuvo un fin ritual, posiblemente sucedió en la última fase de ocupación mexica, entre 1502 y 1521, en un cambio de construcción del Templo Mayor, considerando que se trata de un área muy cercana a éste, el edificio más importante del recinto ceremonial.

“Después de que la fosa fue rellenada con estas esculturas, piedras y tierra, los mexicas colocaron nuevamente capas de tezontle y cal-arena, que cubrieron con lajas, es decir, fue el piso de la última etapa de ocupación por la que caminaron los españoles a su llegada a México-Tenochtitlan”, explicó el titular del PAU.

El arqueólogo Raúl Barrera indicó que no se tiene fecha para continuar la exploración de la fosa en que fueron descubiertos los restos de las esculturas, debido a que aún continúa la excavación en Plaza Gamio —en un área que comprende 52 m de largo por 22 de ancho—, que a corto plazo coincidirá con el predio de la Casa del Mayorazgo Nava Chávez (Las Ajaracas), donde arqueólogos del INAH llevan a cabo estudios en el área donde fue descubierta Tlaltecuhtli.

Por su parte, el arqueólogo Roberto Martínez Meza, jefe de campo en la excavación, comento que este punto de la Plaza Gamio también debió ser un espacio abierto durante la época prehispánica. “Era una gran plaza que mencionan Bernal Díaz del Castillo o Hernán Cortés en sus escritos, éste último dice que cuando entran (los españoles) a Tenochtitlan y destruyen una de las entradas al recinto ceremonial, encuentran una plaza enlajada.

“Estamos comprobando que en verdad había un espacio abierto, frente y a un costado del Templo Mayor, pues no hemos encontrado más que evidencias de pisos”, concluyó el especialista, tras recordar que la Plaza Seminario y sus inmediaciones fueron exploradas desde inicios del siglo XX por expertos como Leopoldo Batres, Manuel Gamio y Emilio Cuevas, encontrando pisos mexicas, una esquina y los desplantes del Templo Mayor.

Fuente: El Economista

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