Posteado por: Pedro | 18/08/2011

Sevilla: Un museo romano ignorado

Un museo romano ignorado

FOTOS: J. M. SERRANO

Hace treinta años se consideraba que la Casa de Pilatos era el monumento mejor conservado de Sevilla. Era verdad y sigue siéndolo. En la ciudad de los derribos y de las rehabilitaciones destructivas con dinero público, el ejemplo de esta casa debería ser noticia permanente y un modelo a seguir. Sin embargo da la impresión que ni suextraordinario patrimonio artístico ni la labor cultural de conservación y restauración que allí se desarrolla se conocen suficientemente.

La Casa de Pilatos, la de los Adelantados Mayores de Andalucía, es el tercer monumento más visitado de Sevilla tras la Catedral y el Alcázar. Probablemente, en su género y por su arquitectura, no existe palacio más completo en España que éste: uno de los más singulares de Europa. Su atractivo radica en su peculiar fisonomía de zonas abiertas y cerradas donde lo constructivo se funde con lo vegetal en una sucesión de espacios diversos y sugerentes, que es feliz compendio de la estética mudéjar, renacentista y romántica. De hecho, es un verdadero «organismo vivo», expresión que referida a Sevilla tiene también su lado oscuro, cuando se usa para justificar la sustitución del caserío histórico con intervención de la piqueta, es decir, la degradación programada de la ciudad.

En Pilatos es diferente. Hay una evolución natural vigilada que tiene como norma el mantenimiento y la reintegración, siempre con respeto a la tipología y al patrimonio heredado. Así lo ha visto siempre Ignacio Medina y Fernández de Córdoba, duque de Segorbe. Por eso hay vida en cada planta de los jardines, en la buganvilla centenaria, en el agua de sus fuentes, en los muros y las yeserías, en los azulejos y los artesonados, en las yeserías.

El palacio sigue habitado desde finales del siglo XV, cuando Catalina de Ribera y Pedro Enríquez se casan y edifican allí su residencia; y desde entonces ha venido siendo un núcleo importante de la cultura sevillana con gran proyección sobre la ciudad. El gusto por el Renacimiento lo trae a Sevilla Fadrique Enríquez de Ribera, marqués de Tarifa e hijo de los fundadores del palacio. Fue a la vuelta de su peregrinación a Jerusalén, cuando a su paso por Italia se entusiasma con los mármoles de la Cartuja de Pavía y encarga en Génova, año 1520, la portada, las columnas y otras piezas de mármol para la reforma del patio y ampliación de la Casa de Pilatos. Y ahí venían también los sepulcros del padre y la madre, realizados respectivamente por Aprile y Gaggini para la Cartuja de Sevilla, que según Vicente Lleó son las primeras obras renacentitas que se vieron en esta ciudad. Fadrique Enríquez poseyó un gabinete de objetos curiosos y una excelente biblioteca.

La colección que vino de Nápoles

Con Per Afán de Ribera, primer duque de Alcalá, la Casa de Pilatos se enriquece con una de las mejores colecciones escultóricas de su tiempo, a la altura de la del duque Cosme de Medicis o el cardenal Farnese. Hombre de formación humanista, Per Afán reúne este conjunto de esculturas durante su virreinato en Nápoles, entre 1558 y 1571, y para su exhibición en el palacio sevillano contrata al arquitecto Benvenuto Tortello con la idea de convertir la huerta en un jardín arqueológico —el jardín grande—, mediante la incorporación de logias, tondos y hornacinas, aplicando las nuevas maneras expositivas que aprendió en Italia. Poco a poco, Ignacio Medina restituye en esta zona las trazas originales de Tortello con elementos que estaban ocultos o alterados.

Resulta sorprendente que después de más de 400 años esta colección renacentista siga integrada en el mismo edificio. Es un caso excepcional y como tal se estudia y se trata. Los trabajos del profesor Markus Trunk, del Instituto Arqueológico Alemán, son reveladores. La Casa de Pilatos es la vivienda de la duquesa de Medinaceli, pero además es un monumento visitable, una casa-museo con importantes colecciones artísticas y un foro cultural. Lo admirable es que también es un centro de conservación y restauración destinado principalmente al patrimonio que la conforma. Anima comprobar la actividad restauradora que se desarrolla diariamente en este inmueble de titularidad privada. Por toda la casa pueden verse grupos de especialistas trabajando en los artesonados y en las pinturas, tallas en madera, esculturas y yeserías.

Para la conservación de esta casa y la de otros 15 monumentos españoles se creó en 1980 la Fundación Casa Ducal Medinaceli, que se dedica también al estudio, difusión y promoción de este patrimonio familiar. La presidenta de honor es la duquesa de Medinaceli, y el presidente, su hijo el duque de Segorbe. Uno de los proyectos más ambiciosos que lleva a cabo esta institución es la restauración integral de las esculturas del duque de Alcalá, nunca realizado hasta ahora. Ignacio Medina cuenta para ello con un equipo de restauradores del que es responsable Javier Barbasán Camacho, director del Departamento de Conservación; y cuenta, además, con el historiador Juan Manuel Albendea Solís, director General y estudioso del patrimonio de esta casa, ambos de la Fundación Medinaceli.

Barbasán, natural de Sevilla, se licenció en la Facultad de Bellas Artes de esta ciudad y amplió sus estudios con un máster en el Instituto Centrale di Restauro en Roma. El prestigio le viene de su labor en los museos vaticanos desde 1996 hasta 2007, año en que entra en la Fundación Medinaceli. Muchas han sido las intervenciones en obras de principales escultores y pintores italianos que realiza en el Palacio del Te de Mantua, Palacio Massimo y Ayuntamiento de Roma, así como en las habitaciones del Papa y en la Capilla Sixtina del Vaticano, entre otras. Tras cuatro años de limpieza y consolidación de las esculturas de la Casa de Pilatos, el resultado es bien visible. Hay 42 piezas terminadas, de las casi cien que constituyen la colección del duque de Alcalá. Ignacio Medina nos hace ver que la mayoría es de época romana, y que las hay con añadidos posteriores, la de los emperadores romanos: cabezas originales y bustos renacentistas de impecable ejecución. Otras son de cuerpo entero: las de Augusto, Ceres o la de Hygeia, la diosa de la buena salud, copia romana de otra griega, como lo es igualmente la danzarina Copa Syrisca. Y por toda la planta baja, togados, bustos y dos magníficos relieves: el de la batalla de Actium y Leda con el cisne.

Javier Barbasán se ocupa ahora de la estatua más importante y llamativa de la casa: la Pallas Pacifera, bien conservada, de tres metros de altura, que en tiempos se creyó griega por su estilo, pero ahora se sabe, lo explica Juan Manuel Albendea, que es réplica romana de época de Adriano de un original griego del siglo V antes de Cristo, y que al ser la única del tipo Atheneas Medicis que conserva la cabeza original, es también la única que permite evocar íntegramente el original que suele identificarse con Atenea Promachos, la obra de Fidias que presidía la Acrópolis de Atenas.

En las antiguas fotos del patio aparece esta figura completa, con el brazo que ahora le falta, la maza, el escudo y el casco. Son aditamentos del siglo XVI que se retiraron en 1957 por iniciativa del profesor alemán Ernest Langlotz, para devolverle a la escultura su aspecto original. Los añadidos pueden verse en la Sala Dorada y en la planta alta. La segunda estatua más conocida del patio es Pallas Belligera: un torso romano completado por el escultor barroco Duquesnoy.

Por su ubicación en ambiente abierto, ninguna escultura está libre de los agentes atmosféricos, y eso repercute en su estado de conservación, según estén más o menos expuestas a la lluvia y a otros factores. En una misma figura puede haber zonas más erosionadas y fracturadas (las cavidades donde se deposita el agua) y otras que mantienen el relieve intacto por estar menos expuestas a los agentes externos. Hay manchas de todo tipo, pero abundan las de óxido debido a los pernos metálicos. En este sentido, las palomas son particularmente nocivas, comentan Ignacio Medina y Javier Barbasán, porque se posan en las cabezas romanas y las ensucian con sus excrementos; y además, acaban con la diversidad, pues la tórtola turca ataca a los mirlos y ya apenas hay mirlos en Sevilla. La Venus romana del Delfín, durante siglos sobre una columna del Jardín Chico, estaba expuesta a todo y ha sido la gran víctima de las palomas. Ya ha vuelto a su sitio, limpia y consolidada.

El proyecto, bien planificado, mantiene el criterio museístico primigenio por su valor histórico y estético. Se interviene con rigor en cada escultura pero sin desvincularlas de su espacio original abierto. Así, por ejemplo, las que están el Jardín Grande seguirán allí pero protegidas de la intemperie, para lo cual, Javier Barbasán utiliza en las reintegraciones materiales de naturaleza similar a la piedra que reaccionan a los cambios ambientales de una forma semejante a aquella. Como refuerzo de la protección de la superficie, usa cera microcristalina blanca de origen animal que mejora el aspecto exterior del mármol. Luego vendrán los controles y las limpiezas periódicas. Los trabajos están sirviendo también para documentar y catalogar mejor la colección.

En Ignacio Medina hay conocimiento, experiencia y pasión por el patrimonio histórico. Sueña con recuperar algunas piezas dispersas que Juan Manuel Albendea tiene localizadas y catalogadas; entre ellas, el Apolo y el Mercurio que los milicianos sacaron del palacio de Madrid, hoy en el Museo Arqueológico Nacional, y otra pieza romana que se expone en el Museo de Bellas Artes de Budapest. Las hay también en manos particulares. En el Arqueológico de Sevilla se muestran cinco esculturas que el abuelo del duque de Segorbe donó a este museo. Si se llegara a un acuerdo podrían exponerse de nuevo en la Casa de Pilatos. El Arqueológico, con menos visitas, es un museo que suena más; pero el de las esculturas de Pilatos, peculiar e íntimo, está tan bien integrado en el edificio, que sigue siendo para muchos sevillanos un museo romano ignorado.

Tratamiento de las esculturas

Los tratamientos empleados en cada pieza siguen este orden:
1.Desmontaje de su lugar expositivo. 2.Documentación fotográfica y gráfica. 3.Limpieza con pincel y aspiración. 4. Limpieza de toda la superficie con agua destilada. 5.Eliminación mecánica de yesos, colas y costras. 6.Consolidación con silicato en las zonas más disgregadas. 7. limpieza química de la suciedad y costras muy adheridas con pulpa de papel y carbonato de amonio. 8. Extracción de sales de cobre y hierro con pulpa de papel y agua destilada. 9.Impermeabilización de los pernos metálicos con resinas acrílicas y aplicación de antioxidantes. 10.Reincorporación de los fragmentos desprendidos con resina epoxídica. 11.Estucado de las lagunas de profundidad con cal hidráulica y polvo de mármol. 12.Protección final con cera microcristalina.
Fuente: ABC

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