Posteado por: Pedro | 19/02/2012

Cultura tramita la declaración de bien cultural para el Viso y El Cerco de Sejas


Detalle del Cerco de Sejas. <br />

Detalle del Cerco de Sejas.
Foto L. O. Z.
La Consejería de Cultura está tramitando los expedientes del yacimiento de la Cuesta del Viso, en Bamba, y El Cerco de Sejas de Aliste para declararlos como bien de interés cultural y ha abierto un periodo de información pública.

El castro conocido como Cuesta del Viso se halla a dos kilómetros al este de Bamba, sobre un cerro de 782 metros de altitud que destaca en la margen izquierda del Duero. Se trata de una pequeña meseta, que se eleva unos 100 metros sobre el terreno circundante, desde la que se contempla el alomado paisaje de la Tierra del Vino y Vega del Río Duero. El castro del Viso de Bamba se ha identificado con la antigua ciudad indígena prerromana de Arbucala, que es recordada en la historiografía como un lugar atacado y asediado por Aníbal en sus campañas en la Meseta en los años previos al ataque a Sagunto un hecho que se produce a finales del siglo III antes de Cristo.

Esta interpretación viene avalada además por su proximidad al yacimiento romano del Alba en Villalazan, ambos situados al sur del Duero y por hallarse junto la traza de la Calzada de la Plata. Se trata de un asentamiento típico en altura, fechado en la Edad del Hierro. El cerro mucho más tarde se usó como necrópolis, posiblemente de época bajo medieval, que debe relacionarse con la ermita de Nuestra Señora del Aviso, cuyas ruinas pueden aún verse en la superficie amesetada del cerro.

Entre los materiales recogidos destacan los hallazgos cerámicos de piezas realizadas a mano y a torno. La cerámica a torno consiste en fragmentos de vasos de color rojizo y decoración pintada en negro con motivos de ondas y círculos concéntricos. Todo ello claramente adscrito a la Segunda Edad del Hierro. Igualmente han aparecido cerámicas medievales y modernas, realizadas a torno, relacionadas con la ermita.

El sitio de la Cuesta del Viso es un lugar emblemático, de gran prominencia visual en el paisaje en que se enclava, y como tal, ha sido frecuentado y ocupado por el hombre a lo largo de la Historia. Inicialmente el sitio fue sede de un asentamiento de la Edad del Hierro, pudiendo apreciarse la presencia de un poblado en altura propio de la Segunda Edad del Hierro. Tras un dilatado intervalo sin ocupación, el sito fue utilizado como lugar funerario asociado a una ermita bajomedieval, procediéndose así a la cristalización del lugar. Su declaración viene por tanto a reconocer esta compleja realidad, dándole la necesaria protección legal.

La zona arqueológica delimitada incluye la cumbre amesetada, donde se localizaría el yacimiento, y las laderas, donde se observan abundantes materiales cerámicos, con una extensión de unas 28 hectáreas.

El Cerco de Sejas cuenta con una muralla que circunda todo el cerro y que da lugar a un recinto de forma oval de alrededor de 3,5 hectáreas de extensión. El lienzo es en la actualidad un muro terrero del que podemos ver la fábrica original en la zona occidental donde se conservan los parámetros externos trabajados con lajas dispuestas a tizón. Las prospecciones arqueológicas llevadas a cabo hace años citan la existencia de una torre circular y varios accesos que hoy no son visibles.

Según los expertos, «se trata de un lugar de dilatada ocupación, debido al importante papel que jugó para distintas sociedades, y constituye por ello un perfecto exponente de las formas de vida de las primeras comunidades aldeanas en la región alistana».

El castro de El Cerco testimonia la fundación en el Hierro I de una aldea fortificada por los primeros pobladores sedentarios y permanentes en esa región serrana zamorana fronteriza con la región lusa de Tras Os Montes. Además se cuenta con excepcionales indicios de actividad metalúrgica, que debió de constituir una de las dedicaciones fundamentales de tales campesinos, junto con el beneficio de los recursos forestales.

Posteriormente el castro continuo ocupado en el Hierro Pleno y posiblemente de forma ininterrumpida hasta la Antigüedad Tardía, ofreciendo uno de los escasos testimonios investigados sobre la ocupación de la conocida como Tierra de Aliste durante dichas etapas históricas.

En cuanto a los materiales recuperados en las excavaciones realizadas hasta ahora queda vinculada la horizonte Soto II, aunque otro grupo de cerámicas, de pasta oscura, alisada en el interior y con el exterior rugoso, representada en los niveles superiores, se puede identificar como producción indígena de tradición cultural propia fechada entre comienzos del siglo II al I antes de Cristo.


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