Posteado por: Pedro | 13/03/2012

El Ayuntamiento y la Universidad Autónoma de Madrid recuperarán el yacimiento ibero del Cerro de la Merced

El yacimiento de época ibera del Cerro de la Merced, será objeto de una serie de trabajos y actuaciones de carácter arqueológico gracias al convenio que sin ánimo de lucro van a suscribir el Ayuntamiento y la Universidad Autónoma de Madrid, tal y como ha explicado el delegado de Cultura y de Patrimonio Javier Ariza (PA) a preguntas de CABRA INFORMACION.

Un trabajo de recuperación patrimonial en uno de los yacimientos arqueológicos egabrense más importantes de época ibera de la provincia de Córdoba que estará a cargo “de uno de los arqueólogos con mayor reconocimiento y fama no sólo nacional, sino internacional  como es Fernando Quesada, que estará en Cabra el próximo 12 de abril, día en el que avanzará todo lo que quiere hacer en el Cerro de la Merced este próximo verano”, según Ariza.

Será previsiblemente entre los meses de julio y agosto cuando se comience a actuar y para lo que ya según el delegado de Cultura y de Patrimonio, se tiene ya el permiso de la delegación provincial de Medio Ambiente para deforestar selectivamente la zona cuyas especies vegetales amenazan los restos arqueológicos.

En él explicaba, se organizará un campo de trabajo en el que tomarán parte un grupo de 3 a 4 arqueólogos “para de una vez por todas, comenzar a trabajar en el campo patrimonial de nuestra ciudad, pues los yacimientos arqueológicos de Cabra merecen ser estudiados, catalogados y puestos en valor y merecen que vayamos quitando, este tupido velo de olvido que ha habido durante mucho tiempo” y más cuando gracias a él Cabra podría estar en la Ruta del Arte Ibero de Andalucía, por la proximidad con la provincia de Jaén,

También Ariza añadía que a la espera de los nuevos presupuestos municipales del 2012, se continuará trabajando con el yacimiento arqueológico de la Villa del Mitra.

Javier Ariza. (Foto: J. Moreno)
  

TRABAJOS PRELIMINARES

El yacimiento arqueológico ubicado a la altura del punto kilométrico 7 de la carretera A-339 Cabra-Priego, está fortificado con varios anillos de murallas de construcción ciclópea en muy buen estado, poseyendo  en su cima un torreón de 13 por 19 metros cuadrados de diámetro y de unos 2 metros de altura, con vestigios de fortificaciones y asentamientos íberos y asentamientos de época romana.

Los terrenos en el que se encuentra y cuya superficie alcanza 18.018´91 metros cuadrados, de los que 2.591 metros ocupa el cultivo de olivar y el resto monte., fue adquirido por el Ayuntamiento de Cabra en agosto del año 2006 por unos 42.000 euros siendo Ariza delegado municipal de Cultura, como él mismo recordaba.

En el yacimiento, al que dedica un apartado Fernando Quesada Sanz, doctor en Prehistoria y Arqueología por la Universidad Autónoma de Madrid en su artículo “Entre bastetanos y turdetanos: arqueología ibérica en una zona de fronteras” publicado en las Actas del I Congreso Internacional de Arqueología Ibérica Bastetana que en el año 2008 organizó la mencionada Universidad, su autor indica que “por iniciativa del Ayuntamiento de Cabra, realizaron trabajos preliminares de documentación bibliográfica y museística” ya que “en principio es uno de los más occidentales ejemplos de pequeño recinto fortificado en alto de época ibérica (¿prerromana?) conocido en Córdoba”.

Quesada Sanz añade que “el estudio de este pequeño yacimiento podrá sin duda ayudar a una mejor comprensión de esta zona fronteriza entre la Bastetania y la Turdetania, además de al caso concreto de los tan citados como mal conocidos ‘recintos fortificados’ ibéricos en la zona de Córdoba-Jaén”.

Añade el arqueólogo que “se trata en principio, y por los restos visibles en superficie, de un asentamiento de pequeño tamaño situado en la cima y parte superior de la ladera de un cerro de forma cónica con una cota en su cima de 680,5 metros, elevado unos 40 metros sobre el terreno circundante, pero con elevadas pendientes. Se sitúa en el término municipal de Cabra (Córdoba), a unos 4 kilómetros al este/sureste de su casco urbano. El yacimiento es superficialmente conocido en la bibliografía (Bernier et alii. 1981, 47-48, figura 25 y lámina XXIII), y por excavaciones parciales realizadas en los años setenta del siglo XX, aunque no ha sido excavado con criterios científicos. En estos momentos el terreno donde se ubica es de propiedad municipal, lo que facilita considerablemente las actuaciones que para su excavación, estudio y puesta en valor para su visita por el público se puedan acometer”.

También indica en el mencionado artículo que “en el estado actual de las cosas, podemos convenir con Plinio (Hist. Nat. 2,73,181; 35,48,169) en que las ‘torres’ de la zona que nos ocupa fueran anibálicas o al menos cartaginesas, y considerar que marcarían la ruta Málaga-Cástulo con connotaciones de control de explotación y transporte minero, como pensaron Fortea y Bernier (1970, 139). Podemos rechazar la idea, como piensa Moret (1990, 131) habida cuenta de la ausencia de esta tipología en ambos extremos de la línea; pero podríamos volver a retomar la idea dado que en Málaga comienzan a conocerse estructuras en apariencia similares (Carrillo, 1999, 36 y 58), aunque siguen sin aparecer al norte del Guadalquivir (Carrillo, 1999, 69).”

Por último Fernando Quesada expresa que “en particular, es necesario probar o falsar la hipótesis de que la mayoría o la totalidad de las turres andaluzas hayan de datarse en época ya avanzada de la presencia romana, a partir de época cesariana en torno al 50 a.C. y hasta aproximadamente el 100 d.C., con funciones netamente civiles, agrícolas o sobre todo mineras (Moret, 1995, 1999; Ruiz, 2004, 217). Todavía está por trazar el mapa por épocas de estas fortificaciones, sin el que no es posible plantear hipótesis dignas de tal nombre… (y para ello hace falta mucha más excavación). Sin embargo, y como en el caso de Jarcas, hay también indicios de que algunas de estas obras puedan ser indígenas, o al menos remontarse al siglo II a.C., resultado de una dinámica propia25. Insistimos: sólo un programa de trabajo de campo como el que pretendemos abordar en Cabra podrá contribuir a plantear el tema en los términos necesarios de precisión cronológica y tipológica, ya que creemos que hay suficientes datos arqueológicos y textuales para afirmar que las torres-atalaya ibéricas no eran desconocidas en el siglo II a.C. (Quesada, 2003, 137-138), pero sólo trabajos como el que nos proponemos en Cabra podrán contribuir a solucionar la cuestión”.

Un grupo de topógrafos haciendo un levantamiento del terreno hace unos años. (Foto: Cedida)

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